https://claudiacordova.com/ Claudia Cordova Sun, 18 Aug 2024 23:17:09 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.6.2 Lo que nos conmueve… https://claudiacordova.com/lo-que-nos-conmueve/ https://claudiacordova.com/lo-que-nos-conmueve/#respond Sun, 18 Aug 2024 22:42:34 +0000 https://claudiacordova.com/?p=607 En días pasados terminó la temporada de teatro en la cual estuve participando los fines de semana a lo largo […]

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En días pasados terminó la temporada de teatro en la cual estuve participando los fines de semana a lo largo de un mes. Durante la misma, me fueron a ver muchas personas amigas y conocidas; y les cuento que, durante las últimas representaciones, quedé profundamente conmovida, quizá como pocas veces me ha ocurrido en la vida. Me hizo sentir de esa manera, la sinceridad de la gente; porque la sinceridad se siente, como también la falsedad y apariencias, lo que sucede es que no queremos “ver” estas últimas cuando se presentan.

¿Qué detonó este sentimiento?

La presencia sin duda de mi esposo, mi hija, mis hermanos, los hijos de mi esposo, etc., pero también, el ramo de flores de un querido amigo de la escuela y su pareja; la visita de mi mejor amiga y su pareja, quienes se salieron de una comida para ver la obra y al final se regresaron a la reunión “porque sólo iban a verme”; se fueron, sí, pero no sin darme ella un abrazo apretado y decirme al oído “estoy orgullosa de ti”. También mi amiga que llevó a su esposo e hijos, una amiga más que sin ser muy cercanas, al finalizar la obra me dijo “tenemos mucho que platicar” (quizá ahora desarrollaremos una amistad mas cercana); el amigo que fue el primer y ultimo día de representaciones para ver mi crecimiento y seguridad; y así muchos más.

Sí, quedé profundamente conmovida de lo que son los demás para mí y yo para ellos. Me sorprendí.

Empezar por uno mismo

La palabra conmover viene del latín y está formada por el prefijo “con” que significa “todo o en conjunto” y el verbo “movere” (https://revistacrópolis.org. 2022). Y de acuerdo al Diccionario de la Real Academia Española, “conmover” significa perturbar, inquietar, alterar, mover, enternecer. Para mí, la palabra que más hace sentido es “mover”.

Y aquí te pregunto, ¿qué te mueve?

No pienses por favor en gente mayor, en niños en situación de pobreza, en mujeres en estado de vulnerabilidad, en enfermos terminales; todas esas realidades claro es que nos mueven, pero son escenarios comunes que ha cualquier persona con un mínimo de sensibilidad la van a inquietar. Mi pregunta es hacia nuestro ser esencial, ¿que nos mueve?

Empatía

Nada nos puede mover, si no tenemos la capacidad de entender; no quiero decir que hay que estar de acuerdo con personas y situaciones, sólo entender las emociones de los otros. Ser empático es aceptar que los demás, al igual que nosotros, responden a las diferentes situaciones de la vida, de cierta manera.

Ser empático, es abrir la mente y preguntarnos ¿qué siente o piensa el otro? ¿qué necesita o que le duele? ¿qué le hace feliz? Quizá no sepamos las razones de ciertos sentimientos o conductas; pero con respeto y apertura de mente, los sentimientos y acciones de las demás personas, nos van a conmover. No tengo le menor duda.

La vida nos conmueve

Es una realidad que la vida nos mueve; y las acciones que llevamos a cabo a cada momento, son resultado de ese movimiento constante. Muchas veces no nos damos cuenta, pero así construimos la vida, conmoviéndonos desde niños; por un abrazo protector de mamá o papá,

la ilusión de una fantasía infantil, iniciar un nuevo periodo escolar, el primer beso, terminar una carrera universitaria, los libros, platillos favoritos, la naturaleza, las pérdidas personales humanas o económicas, los amigos, etc. En fin, si la vida no nos conmoviera, no estaríamos en posibilidad de construirla para bien o para mal.

Seguir adelante

La forma en que cada quién decida caminar la vida, es respetable; lo ideal sería movernos hacia la plenitud, mas no todos tienen o entienden ese sueño; algunas personas creen que conmoverse, es paralizarse, pero es todo lo contrario. Conmovernos nos hace pensar, cuestionarnos, nos da energía, nos pone en acción, nos hace poner atención a los demás y a lo que nos rodea. Conmoverse no es tristeza, es una luz en el camino, es principio, es alegría, es positivismo.

Les cuento que yo de pequeña quería ser artista, tomaba el cepillo de cabello y cantaba frente al espejo; soñaba con el cariño y reconocimiento de otros, tenía muchas ilusiones que afortunadamente cumplí; no cantando, pero sí haciendo lo que más me ha gustado, que es comunicarme con los demás. Llegó una oportunidad y la tomé, sí, actuando, retándome a  mi misma para ver si lo que una vez soñé, de verdad lo podía hacer; y sí bien cuento todavía con áreas de oportunidad por supuesto, lo logré y me conmovió profundamente el acompañamiento y respuesta de muchas personas en esta loca aventura mía.

Se abrió ante mí una enorme ventana, a través de la cual la vida me conmovió, me centró y me dijo: “mira lo que puedes hacer, mira lo que los demás significan para ti y tú para ellos”.

Sé que es más fácil vivir  sin que nada nos conmueva, sé que es más fácil responder falsamente a situaciones comunes para “pertenecer”, pero lo que nos conmueve a veces duele. Los invito a que no sea así, a que se pregunten ¿qué los conmueve?, ¿qué los mueve en la vida?, ¿qué los hace felices o infelices?, ¿qué necesitan?, ¿qué quieren hacer y por dónde quieren seguir?

Me parece que es la única manera de caminar el camino. Los leo.

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Les cuento que de pequeña quería ser artista: bailaba y cantaba frente a los espejos de la casa usando el cepillo de cabello como micrófono. Me veía siendo famosa, recibiendo flashazos en cada aparición pública, rodeada de aduladores, siendo una estrella inalcanzable para otros, en fin, viviendo el aplauso continuo.

Cuando llegó el momento de decidir qué estudiar como carrera profesional (decisión que, por cierto, uno toma en la peor edad y sin tener, en algunos casos, idea de lo que nos gusta y para qué hemos desarrollado capacidades y habilidades) en la evaluación vocacional que me aplicaron, salí buena para Psicología, Comunicación, Derecho y Actuación. Acto seguido llegué a casa y le dije a mis papás con toda honestidad que quería ser actriz. La respuesta fue amorosa pero clara, “primero ten un título universitario y luego haces lo que quieras”. A decir verdad, no me molestó, y más bien me hizo sentido, porque además en esos instantes me consideraba incapaz de mostrar, no solamente “cómo era”, sino también de expresar intuitivamente “quién era”. Sabía en mi ser lo que significan esas nociones, pero aún no con claridad racional.

Decidí estudiar Ciencias de la Comunicación porque dicha carrera estaba relacionado con la visión que tenía de vida. Finalmente no me desarrollé como actriz, aunque hubo algunas acciones y momentos que me acercaron a ello. Sin embargo he tenido una fructífera carrera como comunicadora en los medios de información, y en empresas y organizaciones, que me ha traído enormes satisfacciones y atendió mis sueños adolescentes: Ser figura pública y famosa en su momento.

Ya platicaremos de ello.

Todo llega cuando estamos listos para recibirlo

Personalmente, no sé si hoy, a mis 61 años, ha llegado lo que “es para mí” a nivel profesional; pienso que todo lo que vivido laboralmente, ha sido “para mí” porque es fruto de mis decisiones; pero muchas personas, incluso en mi familia me han dicho que no deje lo que se me ha presentado últimamente en la vida; esto es, la actuación.

Como lo están leyendo, estoy actuando. Estoy haciendo teatro. Entre otras cosas por el simple gusto de hacerlo… y lo más importante, porque me he mirado a mi misma y me quiero demostrar que soy capaz de hacerlo; de mostrarme como soy y quién soy, sin pena ni miedo y dejar salir lo que hay dentro de mí.

Estoy lista para recibir y lista para darme.

Quienes somos

Si alguna pregunta nos hace dar traspiés, es cuando alguien nos cuestiona ¿quiénes somos? No estamos acostumbrados a responder algo así porque ni siquiera nos lo cuestionamos; no nos hemos dado la oportunidad de conocernos a nosotros mismos, es decir, no sabemos cuáles son nuestras fortalezas, nuestras debilidades, nuestras oportunidades y nuestras amenazas.

Partiendo del hecho de que las fortalezas y debilidades son internas, y las oportunidades y amenazas son externas; podemos llegar a conclusiones más rápidas y nítidas acerca de cómo somos.

Si conocemos esta información, seremos capaces de apoyarnos en las fuerzas y conveniencias, y manejar nuestras blanduras de carácter, así como lo que del exterior no nos ayuda.

Mirar las oportunidades

Alguna vez escuché la idea de que “las oportunidades no siempre están a la vuelta de la esquina”; y estoy convencida de que esto no es verdad: “las oportunidades sí están a la vuelta de la esquina”, pero hay que estar abierta o abierto a mirarlas. Seguramente se estarán preguntando y ¿cómo miro o detecto las oportunidades? Pues otra vez, estando abiertos a recibirlas y no esperando con ansiedad o desde el concepto de carencia, a que sucedan, porque entonces nunca las vamos a mirar aunque estén frente a nosotros.

El “para qué”

Una oportunidad, es una posibilidad; sí, una posibilidad de aprender, de hacer algo que nos falta, de arreglar, de crecer, de ser mejores personas, de sentirnos bien, de trabajar, de amar. Una oportunidad es un “para qué”.

Generalmente vamos por la vida preguntándonos “¿por qué?”, cuando la pregunta es “¿para qué?”; ¿para qué me esta pasando esto o aquello? Esto es hablar en futuro, y el por qué es hablar en pasado.

Ahora bien, si nos conocemos como somos; vamos a echar mano de nuestras fortalezas y oportunidades, nos alejaremos de las amenazas y conviviremos con las debilidades.

Entonces, lo que es para uno, es para uno y lo que va a llegar…va a llegar

Hace un par de años, un conocido me dijo, que todo lo que me estaba ocurriendo era porque estaba cerrando ciclos en mi vida y que ahora sí iba a hacer lo que realmente tenía que hacer laboralmente hablando; ¿será hacer teatro, ser actriz? No lo sé, de lo que sí estoy segura es que tengo importantes fortalezas como el trabajo, la tenacidad, la experiencia de vida, la creatividad, el carisma, la vitalidad, la intuición hacia los demás y la comunicación, entre otras. Continúo en la atención a mis debilidades, pero ya no me peleo con mi des-organización, con la impaciencia, con el querer tener siempre la razón, con el miedo a la incertidumbre, etc. Soy consciente de estas y otras características, pero las he aprendido, en la mayoría de los casos, a controlar.

Hoy estoy segura que debemos escuchar la voz interior que todos tenemos, la cual lucha por hacerse presente… pero somos muy hábiles para intentar callarla o creer que la engañamos , como a veces creemos que engañamos a todos los demás.

Dense un minuto para pensar…vivimos contra el tiempo, con miedo a conocernos, sin pensar cómo lo vivido nos ha sumado en experiencia, cumpliendo con todo y con todos, sin mirar las oportunidades que llegan.

Un día mi hija me dijo, “me acabo de dar cuenta que algunos de los sueños que he tenido desde niña, se están cumpliendo y no estoy poniendo atención ni agradeciendo; estoy pensando en el futuro y no veo que estoy cumpliendo los sueños que me tocan ahora”; así vamos, esperando oportunidades que ya nos llegaron y no las estamos viviendo ni aprendiendo de ellas.

Lo que nos toca vivir, lo vamos a vivir, pero tenemos que conocernos y ejercitarnos en mirar a nuestro alrededor; nosotros construimos nuestra vida, debemos prepararnos para tomar las oportunidades y aprovecharlas. Muchas veces no sabemos “para qué” de pronto nos pasa tal o cual situación, y hay que entender que lo que nos sucede, sin duda, tiene un sentido y un área de crecimiento.

Cuéntenme, ¿alguna vez los ha alcanzado su destino?

Los leo…

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Aunque cueste, ¡si se puede dar el siguiente paso!

Los seres humanos somos extremos, si como lo lees, somos extremos; llegamos a los 60 y hay de tres, estamos en la ansiada jubilación, si es que dejamos una empresa, o si somos trabajadores independientes, vivimos a un ritmo agotador, o ¡entramos en pánico y nos paralizamos!

Decimos “ahora si voy a hacer lo que he querido desde hace muchos años”. Nos da, en el mejor de los casos, por ejercitarnos y buscamos un entrenador, o nos ponemos a viajar si tenemos los recursos, o nos convertimos en abuelos gozando las mieles de dejar que los nietos hagan lo que se les dé la gana, o nos da por hacernos las grandes preguntas de la vida y ahí nos tienen bajando la aplicación que se nos haga más fácil para dar respuesta a tan importantes cuestionamientos; es decir, le damos a la meditación.

Les confieso que a mí me ha costado trabajo, no tanto dar el siguiente paso, porque de ello estoy convencida, sino como hacerlo; pero hoy estoy convencida que veo un camino claro hacia adelante y he tomado el riesgo, no de hacer “lo que siempre quise”, sino de hacer para lo cual descubrí que soy muy buena, sumando la experiencia y mis ganas de seguir creando; lo que me alimenta la vida y me divierte día a día.

Ahí les va.

Mirarse a uno mismo

 Un día sin yo buscarlo conscientemente, me llegó la oportunidad, por recomendación de una persona que seguramente me había “mirado”, de acompañar a jóvenes de universidad a través de mentorías personales para que después de un tiempo, pudieran desarrollar su proyecto de vida profesional y personal.

Como a cierta edad creemos tener muy clara nuestra vida, pero la verdad es que somos bastante acartonados, mi respuesta fue “pues gracias, pero soy comunicóloga, publirrelacionista y periodista; no soy psicóloga o filósofa, ni trato temas de religión…” ¿así o más contenida la Clau? (así me dicen también los amigos de mi hija…Clau)

Pues que acepto, y después de un tiempo de capacitación, trabajo con jóvenes y adultos; descubrí que, para la mayoría de las personas, para seguir adelante después de los 60 o ante situaciones que nos marcan y tomar decisiones mucho más acertadas, hay que mirarse a uno mismo.

Si, mirarnos personalmente. Lo pedimos a gritos. Por eso estamos con los libros de autoayuda, en conferencias, cursos, meditaciones, terapias, viajes con amigas; y todo eso está muy bien, pero no nos lleva muchas veces a mirarnos a nosotros mismos y a todo lo que nos rodea.

¿Qué hago conmigo, con todo lo que soy?

 Claro, te empiezas a mirar y viene la caída de veintes; entiendes muchas cosas; unas te van a gustar, otras no; dejas de echarle la culpa a otros de lo que te pasa, ya no pones en sus manos la enorme responsabilidad de tu felicidad y te das cuenta de lo “grande” que eres como persona, entre otras cosas.

Viene entonces la pregunta, ¿Qué hago conmigo, con lo que soy, con el camino andado, las experiencias? y muy importante, ¿Qué hago con el tiempo que me queda? que, además, ¡no sé cuánto es!!!!

¡Que miedo y frustración!

Entonces, viene el “momento de sacar la casta” y no refiriéndose como era anteriormente, a una cuestión de clase social o linaje, sino de comprender como somos, lo que nos conforma y respetándonos profundamente, darle para adelante en la búsqueda de nuestra realización personal.

Nadie lo va a hacer por nosotros, cada quién tiene que ver por su propia vida, si quiere ser pleno y dar lo mejor de sí a los demás.

Acciones para dar el paso y empezar a andar el camino

 Escuchar la voz interior, porque sí la tenemos. Seguramente les ha pasado muchas veces, que las situaciones y los demás nos dicen una cosa, pero hay una idea que tenemos en la mente, aunque tengamos dudas, pues esa idea es ¡la voz interior!

Observarnos, como nos sentimos y lo que pensamos ante momentos o personas. Aceptar que tenemos miedos e inseguridades y entender de dónde vienen.

Y ¿así nos vamos a quedar? ¡que poco amor y respeto nos tenemos!

Hacer ajustes, como podemos engañar al mundo entero, pero…no a nosotros, entonces empezar a hacer pequeños ajustes.

En mi caso, fue no opinar de todo y todos, escuchar más en las conversaciones, no querer tener siempre la razón, decirme a mí misma que cada persona tiene su propia forma de sentir y pensar, no contrariarme, no sentir que todo era personal conmigo ¡que ego!, y a mantener la boca cerrada cuando mi comentario no iba a sumar a los demás.

Seguro están pensando, ¡sí que fácil! Claro que no es fácil, pero hay que intentarlo y practicar.

Así empecé a cambiar; respetando y amando 60 años de mi vida, entendiendo como fue mi educación, mi cultura, los diferentes momentos sociales que he vivido; como fueron mis abuelos y lo que les tocó vivir, quiénes fueron papá, mamá y como son mis hermanos. También mirando mi historia, las decisiones que he tomado; no podía desecharlas, más bien honrarlas, sumarlas y ver que son mi base para lo que viene y estoy construyendo, porque hasta el último día de mi vida voy a leer, pensar, caminar, crear; porque soy responsable de mí y de nadie más.

En la vida siempre, siempre, siempre, se puede seguir adelante, se puede dar el siguiente paso. No les digo, no tengan miedo, no se paralicen; mejor acéptenlo, porque en el momento que lo aceptamos, lo podemos manejar.

Pregúntense, escúchense, dense tiempo a ustedes mismos; nada de lo externo saldrá bien, si nosotros no estamos bien.

Ustedes, ¿quieren dar el siguiente paso? ¿ya lo dieron? cuéntenme, me encanta leerlos.

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